El Asma es una enfermedad crónica donde los bronquios (las vías que conducen el aire a los pulmones) se inflaman y se estrechan, lo que dificulta la expulsión del aire al exhalar. La Organización Mundial de la Salud (2017), estima que hay 235 millones de personas en el mundo que padecen esta enfermedad.

Algunos de los factores de riesgo asociados a esta enfermedad son: los antecedentes familiares, alergias, sobrepeso u obesidad, ser fumador o estar expuesto al humo de tabaco de otras personas.

Los síntomas más comunes son:

  • Silbidos en el pecho
  • Sensación de opresión en el pecho
  • Tos
  • Sensación de falta de aire

Algunos desencadenantes del asma son:

  • Alérgenos que se encuentran en el hogar, como ácaros del polvo o caspa de mascotas.
  • Alérgenos encontrados fuera del hogar, como el moho o el polen.
  • Los irritantes químicos, por ejemplo, en el lugar de trabajo.
  • El humo de tabaco
  • La contaminación atmosférica
  • Aire frío
  • Actividad física
  • Infecciones respiratorias causadas por virus

Para reducir la gravedad de la enfermedad se debe evitar los desencadenantes mencionados anteriormente además de las siguientes recomendaciones:

  • Evitar exponerse a cambios bruscos de temperatura
  • Evitar exponerse a humo de tabaco y químicos
  • Mantener la limpieza en el hogar para reducir la exposición a alérgenos
  • Realizar actividad física supervisado por un profesional
  • Llevar un seguimiento médico y un tratamiento adecuado a su situación

El asma no tiene cura, sin embargo, es posible controlarla con los tratamientos adecuados, lo cual permite a las personas que la padecen, disfrutar de una buena calidad de vida.

No permitas que el asma te detenga, ¡Sigue tu plan y tratamiento para disfrutar cada momento!
7 de mayo, día mundial del asma.